08 febrero 2014

Duerme tranquilo

Esto no se trata de ti... Un largo viaje al que partí mientras dormías junto a mi, bajo el efecto de mi droga bendita (aquella bella melodía). Llegué al lugar donde los sueños son tan reales como un sarcasmo. Tu risa, mis lágrimas, un bosque de ninfas malditas. La muerte agoniza bajo una luna sangrante, los arboles danzan invocando al Amo de las noches; mis manos lloran, mis ojos sonríen... Apareces frente a mi ...¡Tenebroso! Dueño de mi, de mi cadena, creador de mis alas... Mi Señor. Duerme feliz sobre hadas quemadas, bañado en polvo de estrellas que tu explotaste. Duerme tranquilo Mi Señor, mientras viajo dentro de los mundos que me contaste, aquello que temo, aquello que anhelo; demonios antiguos, tiempos pasados. Los ríos de sangre que El puso en mi cabeza. ¿Es real, eres real? o te desvaneceras en mis brazos mientras acaricias mi cabello..¿volverás a tu castillo de eterna incordura?. Mi Señor, duerme tranquilo, sostenme en tus brazos, que la penumbra pronto llegará. Quiero ver a tu lado las llamas, el río, sentir tu dolor, inclinarme ante el Amo. Dame tu mano Mi señor, duerme tranquilo.

08 enero 2014

Sueños fríos I

Déjame hablarte del verdadero infierno, aquel que tú dices conocer, en el que según tú has vivido… Jamás olvidaré todas esas imágenes de pesadilla, los escalofríos en la oscuridad, esa mirada y sonrisa tan fría y espeluznante. Muchas veces me alegraba visitar esos paisajes, los castillos en ruinas son impresionantes, fríos, polvorientos, pero siempre impresionantes. La luna siempre tenía un halo rojo y nubes protegiéndola. Esa noche viajaba tranquila en un carruaje, con destino desconocido para mí. Tapizado con terciopelo negro todo por dentro, un poco polvoso, las ruedan crujían al pasar por el camino repleto de piedras, no habría imaginado lo que estaba a punto de ver; por alguna razón me encontraba en una choza vieja y abandonada, parecía que una tormenta estaba cerca, el frío era insoportable, mis huesos dolían. Una de las paredes de la choza se derrumbó de la nada y apareció de entre las oscuras nubes de lluvia una carrosa, un hombre de traje con mirada siniestra lo conducía, una mujer vestida con un hermoso vestido y una capa negra saltó de la carrosa cayendo frente a mí. -¿Quién eres? Sé que te conozco – pensé sin poder articular palabra alguna. Mi cuerpo estaba paralizado por el frío y un horror que me recorría la espalada. Ella soltó una carcajada, burlándose de mi espanto, sabía que temblaba de miedo. Dijo algunas palabras en un lenguaje que no entiendo, sonaba como una amenaza. La carrosa se encontraba sobre el camino, la mujer volvió a entrar en ella, dejándome tirada en el suelo, muerta de miedo. Se alejaron de prisa, ocultándose entre las nubes una vez más. Y me quedé ahí, sin mover un músculo, sin poder decir nada.